La chica del servicio

Supongo que a estas alturas todos sabéis la situación Me voy a dormir con él y punto, ya basta de tanta pantomima. Ésa mujer me conocía mejor que mi propia madre. Mi padre la miró con desaprobación. Matt me miró divertido, yo le saqué la lengua para burlarme de él. Sonrió finalmente por la gracia de la situación, emocionada besé la mano que apresaba a la mía. Me solté de su mano y ayudé a mi madre con la mesa, mientras Karen y Noa hablaban de ese futuro niño.

Aun así, el doce de septiembre se unían en matrimonio y Karen estaba loca con esa noticia. Sobre todo con la de ser abuela. La cena iba bien, tranquila, hasta que Karen con la ayuda de Matt me recordó la gran familia Campbell que vendrían para la boda. Me hizo sentir muy nerviosa esa conversación por la presencia de tanta gente, y ellos eran muchos. Masqué el pollo sin ganas, volvía a tener nauseas por la desgana de comer Quería esa boda tanto como Matt, sólo necesitaba que ya hubiese pasado.

Observé a Matt mientras comía, su mirada era preocupada sobre mis facciones, sobre la comida. Le sonreí y apreté su mano con fuerza para despejar sus miedos Él llevaría a su familia, yo también a la mía A los pocos que tenía, también a mis amigos Emma y Thomas. Esa conversación era difícil, pero la necesitaba. Matt permanecía revisando unos papeles en su empresa de Seattle, yo lo acompañaba leyendo mi saga favorita. Ya iba por el tercer libro, el segundo fue muy duro Lloré tanto que Matt se enfadó sin comprender el porqué mi pena era tan grande.

Creo que es hora de arreglarme con él. Su mirada se mostró fría, desconfiada. Tendría que insistir. Muy serio, se levantó de su asiento y se dirigió hacia mí. Bufé y cogí mi libro. Él no me advertía, no, no Sonreí al recordar ese momento. Ese día se la pasó enrabietado, pero finalmente recapacitó Con un poco de ayuda, claro. Todos parecían ajenos—. Negué juguetona—. No parecía conforme, pero lo ignoré y traté de comer.

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De nuevo vacié lo poco que tenía en el estómago. Tienes que calmarte, te vas a enfermar. Asentí entre temblores, sólo necesitaba descansar. Ya llevaba varios días así Incluso me hicieron una prueba de embarazo. Esos que me asfixiaban. Bajo la mirada de un mosqueado Michael, Matt me llevó hasta mi habitación. Al entrar, cerró la puerta y cogió mi pijama verde. Ya todo acaba mañana, piensa en eso.

Mucha gente extraña me miraba y yo no avanzaba. Suspiré antes de abrir los ojos Sentía que Matt ya no estaba a mi lado y los miedos volvían para atormentarme. Bostecé y con pesimismo me senté observando ese cuarto que ya no sería mío. He dejado miles de besos sobre tu frente para recordarte que te amo, y que te espero en el altar. No me falles. Tu futuro esposo: Arrastrando los pies fui hasta la cocina. Mejor que se calle porque mi mala ostia era grande.

Noa me observó tristona, a la vez melancólica.


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Ya no sé qué hacer. Dudó un poco. Ahora entendía por qué la relación con Eric seguía siendo fría Él dañaba a mi hermana sin importarle ese bebé que venía en camino. Tan preocupada por mis cosas que había vuelto a olvidarme de las suyas. Qué mala hermana. Me levanté para abrir la puerta, comenzaba la locura. Durante las siguientes horas me dejé llevar por el entusiasmo de todas y cada una de mis ayudantes.

Reí con cada chiste, lloré con cada palabra de ternura de Karen y me emocioné con cada gesto de complicidad entre mis hermanos y yo. Dieciocho años y casada con un hombre que recién comenzaba. Todo era extraño, una locura sin duda. Pero era algo que Matt necesitaba para ser feliz, para estar bien y yo lo amo mucho como para negarme. También quería esa boda yo, pero me asfixiaba ante ese momento. Inspiré antes de poder mirarme en el espejo Ya estaba lista para el enlace, el cuerpo me temblaba como hoja de papel. Al mirarme en ese maldito espejo todo volvió a venirse encima. Una cola no muy larga, tampoco tremendamente corta y unos encajes preciosos cerca del escote.

Muy ceñido Muy bonito. El cabello ondulado suelto resbalando por mi espalda, con una diadema llena de brillantes Me gustaba, me emocioné al momento. No deja de llamarme para saber qué tal sigues. Mi Matt. Desde eso momento todo fue un caos En casa los miembros de mi familia parecían emocionados, incluso Scott lo estaba.

Luego me subieron en el auto: Ni siquiera lo vi bien. Tomé aire durante el camino a Port Angeles. A esas alturas me temblaba todo y no quería llorar para que el poco maquillaje que llevaba se fuese Nervios y temblores, en eso se resumía mi estado. Finalmente llegamos a la iglesia Quise llorar y por un momento, correr. Lo he visto, y sólo puedo felicitarte por el hombre que llevas a tu lado. Te deseo lo mejor, cariño. Me mordí el labio, temblorosa, no entendía nada. Ésa mujer puede ser cruel. Ahora vamos, lo veo desde aquí y parece inquieto. Alison podría dañarnos mucho y ahora estaríamos unidos, no nos podría separar.

Inspiré, suspiré Vi que entraba en aquella iglesia, oí los primeros acordes y me sentí desfallecer. Levanté un poco la mirada. Miré hacia los lados y había tanta gente que frené sin desear hacerlo. Mi pesadilla se hacía realidad Trajeado de negro, con camisa blanca y corbata oscura. Serio al final de aquel pasillo, junto a Karen. Mis damas de honor venían muy cerca de mí, Noa y Emma Tragué y volví a buscar la mirada de Matt. Sus puños estaban cerrados, sus ojos parecían suplicarme.

Traté de sonreírle Algunos murmullos se oyeron al verme en la entrada sin dar un solo paso. Pero yo sólo tenía ojos para él Se veía mal, con semblante preocupado. Esperando que yo avanzara y la aceptara En la entrada, tan quieta como una estatua de hielo Sin embargo, en esos momentos sentí deseos de matarla.

Me miraba, pero no avanzaba.


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El corazón se me aceleró, las manos comenzaron a temblarme Esto no podía estar pasando. La miré con los dientes apretados—. Negó convencida —. Ve por ella o lo haré yo mismo. Y créeme, no seré suave. La melodía comenzó a sonar nuevamente, Gisele me miró a los ojos y asintió. No sonreía y yo estaba muriendo por dentro. Ella era mi vida, si se marchaba Sólo quería irme con ella, no sin antes saber por qué diablos lo había pensado tanto.

Gisele Stone las va a pagar. Asentí con un puto nudo en la garganta. Gisele avanzaba a paso lento, mirando fijamente la mano que yo tenía elevada para ella. Cuando estaba a escasos pasos de mí, levantó la mirada y en sus labios se dibujó una sonrisa tímida. Al sonreírme pude ver el temblor en sus labios.

Se soltó de su padre y con mucha delicadeza tomó mi mano. En ese momento sentí que mis pulmones volvían a cobrar vida. Michael se inclinó en modo de saludo, el cual yo correspondí y volví la mirada a mi temblorosa y futura esposa. Sin poder evitarlo, cogí su mano y la llevé hasta mi corazón. La sala permaneció en silencio, con las miradas puestas en nosotros. Nadie me importaba. Buscó mi mirada con inquietud, sus ojos grises llorosos.

Sólo necesitaba saber su respuesta para saber qué hacer—. Gisele, si esto no es lo que quieres Pude oír la risa de su hermano Scott junto con la de Karen al oír sus palabras—. No me mires así, es la verdad. El tacón se pegó en el suelo y por eso no he podido avanzar. No podía ser Qué mujer tan desvergonzada. Me negaba que hubiera dudado en la puerta de la entrada cuando yo mismo la estaba viendo. Con esas palabras todo cambió. No había mujer como mi Gisele, y en cuestión de minutos, sería solamente mía. La dejé estar con un nudo en la garganta, cogí de nuevo su mano para mirar al frente, necesitaba el final de esa ceremonia o moriría pronto.

Me puse junto a ella e hice un gesto al sacerdote para que continuase con la maldita ceremonia. La estancia quedó en absoluto silencio mientras el sacerdote empezaba con las primeras palabras. No soltaba mi mano y temblaba como una hoja de papel entre mis dedos. Se tensó o estremeció, no supe ya—. Me aparté y pude ver la tensión entre nosotros, parecíamos estar en un funeral en vez de en nuestra boda. Habla claro.


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Miró al frente e hizo un gesto con la mano. Volveremos en cinco minutos, lo prometo. Como era de esperar, los murmullos volvieron a inundar la estancia. Pero Gisele en cuanto recibió el permiso del sacerdote, me cogió de la mano y me condujo con ella a una pequeña habitación que había a nuestra derecha. Me tienes al borde del infarto, Gisele. Para mi sorpresa, soltó una risita histérica.

Entiende que ahora no estoy de humor para tus juegos —asintió cogiendo mi mano—. Me volví sin dar crédito a sus palabras. No entiendo nada, me duelen tus dudas, me duele esa entrada tan triste —confesé sin poder mirarla—. Entiéndeme, en dos semanas hemos montado una boda gigantesca Ni siquiera pensé en eso una sola vez. Me giré y me encontré con su hermosa sonrisa.

Quiero casarme contigo, quiero ser la señora Campbell, así que vamos a salir de esta iglesia y volvamos a entrar, pero juntos esta vez. Suspiré con pesimismo, por un lado temía reconocer que ya no sabía lo que ella necesitaba No al menos en el día de hoy, no al menos en esas circunstancias. Me dolía, me quemaba el alma pensar que eso no era lo que ella deseaba y quería. Ya no sabía qué pensar. Lo siento de verdad, me siento fatal. Pero logra entenderme Tal vez te hayas sentido presionada y por eso has llegado hasta aquí, sin desear hacerlo — pude ver como tragaba forzosamente—.

Te he visualizado corriendo lejos de mí cuando has parado en la entrada. Me he sentido morir, algo muy conocido por mí en cuanto a ti se refiere. De pronto, la sonrisa volvió. Sólo quiero que acabemos con esto y nos vayamos juntos, solos a disfrutar de nuestra vida. Ay, Campbell, así no es la vida.

Tiré de su cuerpo para abrazarla contra mi pecho. Dios, cómo amo a esa mujer, es mi vida, mi todo. Mi mundo. Te quiero comer —coqueteó sobre mi pecho haciéndome reír. De eso no tuve dudas. Al mirarme no pude evitar sonreírle. Su expresión me hizo sentirme feliz, seguro, en minutos sería mía sin alguna duda. Su mirada así me lo dijo—. Acabemos de una vez. Sin embargo, por alguna razón necesitaba esas palabras de su boca. En ese mismo momento. No era prudente pero como ella misma decía: Los invitados van a pensar que te he traído aquí para seducirte.

Ten consideración. Y lo volvía a hacer Esa es mi Gisele. Cerró los ojos disfrutando de mi caricia, al abrirlos pude ver la malicia en ellos. Que me beses, Campbell, que me beses. Ceñí las manos en su delicada y fina cintura, y la atraje hacia mí. Rocé mis labios con los suyos, suave y tiernamente. A penas un roce Todos los invitados afuera. Pero cuando su lengua jugó sobre el contorno de mis labios, todo se fue a la mierda. Me agarré a sus nalgas y con posesión, la besé.

De pronto, sus labios se congelaron Llamaban a la puerta. Descarada, descarada. Sonrió con picardía. En cuanto abrí, me encontré con Isabel muy preocupada. En cuanto se volvió, su madre jadeó escandalizada. Gisele bufó exasperada. Yo lo hice con ella. Asentí de mala gana Mía y sólo mía. Me observó mientras su madre la retocaba, y alzó una mano hacia mí. Sin dudar un solo instante fui a su busca. Con nuestras manos unidas, Isabel terminó de arreglarla.

Aunque realmente se veía igual de preciosa con o sin maquillaje. Ambos asentimos y nos dirigimos hacia la puerta trasera, para cumplir con el pedido de mi caprichosa. Esa puerta es de salida. Ahora, por favor. Con un suspiro, por fin decidió hacerme caso. En cuanto se marchó, miré a mi futura esposa Afirmó con la cabeza entendiendo la pregunta no formulada. Con paso firme salimos de aquella habitación, unos pasos y estuvimos en la entrada de la iglesia. Decorada con flores blancas, tan puras como mi futura mujer. Le devolví el gesto con el corazón acelerado por ese amor tan grande que sentía por ella.

Y ahí estaba ella, caminando de mi mano por ese pasillo que nos uniría para siempre. Ya no había miedos, no. A pesar de ser el mismo recorrido que antes, ahora él estaba a mi lado y sin saber porqué, eso calmaba mis temores. Había mucha gente, pero ya no importaba, ni siquiera los veía. Ahora sólo éramos dos, como debió ser desde un principio. Me sentía idiota por todas las inseguridades en la entrada anterior, eran ridículos mis miedos a ese momento. Me pregunté a mí misma.

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Aunque no lo hubiese visto antes por los malditos nervios. Finalmente, de nuevo llegamos al altar. Mi boda, el día de mi boda con Matt. Nuestra boda. Sentí cómo la mano de Matt temblaba entre la mía, lo observé enseguida. Levantó su mano y la limpió con mucha delicadeza, como si me fuera a romper y volvió a sonreírme. Porque mi vida, ya era él. Antes de lo que esperé, llegó el momento de los votos.

Su mano tembló al igual que su voz al depositar la alianza en mi dedo. Al terminar me observó con verdadero sentimiento. Cuando cogí su mano esta vez pude sentir cómo no sólo le temblaban los dedos, también todo él temblaba. Y cuando volví a levantar la mirada para acabar los votos, pude ver su orgullo hacia mí Con esa fuerza sobrenatural, que no me permitiera soltarlo nunca, tan siquiera en los malos momentos. En esos momentos que llegarían, pero permaneciendo juntos serían esfumados de un plumazo.

Como hoy, como ayer. Por fin mía. Un beso tan lleno de promesas, tan lleno de ilusiones Mío, por fin mío.

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Sonrió tan lleno de alegría, que se me encogió el corazón. Tan sólo necesitaba mi seguridad para él poder tenerla, era tan poco lo que me pedía Ahora por fin lo entendía y se la daba. Felicitaciones mientras se presentaban Tanta gente, que no recordaba ya ni la mitad a esas alturas. Gisele Campbell. La fiesta en casa de los Campbell fue mejor. Los nervios seguían a flor de piel pero de una manera diferente, disfrutando del momento. Matt, nuestros padres y yo en la mesa central, disfrutando de la velada entre risas y emociones.

Mi esposo Su mano siempre sujeta a la mía, y con miradas cómplices me profesaba todo el amor que no expresaba con palabras.

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Sólo me hacía falta mirarlo para saber lo mucho que me ama, a pesar de su extraño silencio. Me maravillé con el trabajo de decoración en toda la casa. Muebles nuevos exclusivos para la boda en tonos grises. Precioso, perfecto para ese día. Asentí, relamiéndome los labios—. Bien, y controla esa lengua.

Oh, traviesa. Volví a hacerlo. Ambos le prestamos atención—. Dime, Michael. Por un momento me pareció vislumbrar un brillo especial en la mirada de mi padre.

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Estaba emocionado, muy emocionado. Joder, qué día No le va a faltar de nada, y la protegeré con mi vida si es necesario. Matt no dejó de mirarme, yo me relamí los labios de nuevo—. Me volví hacia mi suegra para saber por qué callaba Lloraba emocionada. Willian la consoló al instante, sonriéndonos a ambos. Por Dios, qué pesadas con el llanto, ya había llorado demasiado por hoy. Aun así, un nudo se me formó en la garganta.

Sus padres y los míos nos miraban atentos—. Perversa, me relamí los labios. Le sonreí y volví a hacerlo Me relamí los labios. Gruñó volviéndose hacia nuestra familia—. Volvemos enseguida, quiero mostrarle algo a mi querida esposa. Suena bien. Asintieron algo sorprendidos por su actitud tan repentina, yo cogí su mano sonriendo. Íbamos de camino a su habitación estaba segura Mejor dicho, la que fue su habitación. Me miró de reojo, pero sonrió burlonamente. Pude ver cómo el resto de invitados al vernos pasar nos sonrieron Emma y Thomas, a los cuales sonreí al instante.

Reconocí a algunos miembros que Matt me presentó en la iglesia: Silvia, su prima; Malena y Pedro, los padres de ésta; la familia de Willian, una pequeñísima parte. Tampoco sus nombres. Recordé a ellos en concreto, porque los Campbell hablaron largo y tendido al llegar a la casa, ya que esa familia se trasladaba a Seattle y lo comentaban con nosotros. También a Carla Vi a Denis también. Eric y Noa reían cómplices. Ay, Dios, qué pervertida Temblé por el anhelo de sentirlo—. Veo que tienes ganas de jugar, y para qué mentirnos, yo también.

Me mordí el labio, nerviosa. Todos los invitados abajo y nosotros jugando Qué excitante. Qué locos y salvajes. Juguetón, vino a mi busca. Él, mi marido y yo, su mujer, el resto del mundo sobraba. Me miraba fija y peligrosamente—. Quiero que me mires ahora, mientras te toco. Gemí cuando me rozó el muslo desnudo. Quiero que me digas qué ves en mi mirada en esos momentos.

Qué excitante Y raro. Cuando la pasó por un pie, luego por el otro, la tiró a un lado. Cerré los puños agonizando, el juego era extraño, sus dedos también. Precavidos, suaves. Me siento frustrada. Oh, Dios Ahora me rozaba en círculos. Tal lentos, exquisitos Tragué forzosamente antes de poder hablar. Pero no tanto como yo necesitaba. Me cosquilleaba la piel por el anhelo de su tacto. Me siento necesitada, no podría soportar que pararas. Gruñó con sus ojos congelados en mí. Oscuros, peligrosos.

Su mirada parecía diferente—. Jadeé fuertemente al sentir otro dedo. Me retorcí inquieta, me estaba desarmando y ya necesitaba llegar al orgasmo. Casi lo rozaba pero una sensación diferente me paralizaba. De nuevo suave, despacio, agónico. No supe porqué esa palabra escapó de mis labios, pero la sentí así. Ya no me tocaba, ni me rozaba—. Ya hemos terminado el juego, vamos a ponerte bien el vestido. Apretando los dientes, dejé caer la cabeza sobre la pared.

No podía ser, me dolía toda esa parte donde él había tocado, rozado. Era una necesidad grandísima de llenar ese vacío y llegar al orgasmo. Me incorporé bruscamente al entender sus palabras. No puede ser. Desesperado, frustrado porque llegaras a mi lado. Sin embargo, me has hecho esperar, hasta casi sentir que no podría soportarlo. Matt gruñó, yo gemí. Me duele ahí — me quejé con un puchero—. No me hagas esto. Aquí me dolió a mí, ya no duele. Créeme que me duele dejarte así, no tocarte. Pero es lo justo. En el primer contacto todo me ardió, su lengua supo seducir a la mía, mis labios anhelaban el roce de los suyos.

Desesperada, enredé las manos en su nuca y me pegué a él. Pero cuando se retiró lentamente, supe que por supuesto tendría que esperar, aunque estuviese tan excitado como yo. Sí, no me mires así. Ya somos dos, señora Campbell. Le saqué la lengua como una niña malcriada y consentida; así no se jugaba Eso era jugar sucio.

Le recordé abriendo la puerta. Soy algo vengativo, recuérdalo para la vida que nos espera juntos. Bufé en su cara, exasperada por sus palabras. Por su venganza. Me volví para mirarlo y me sonreía con tanta complicidad que tuve que reír con él. Venganza con venganza se pagaba, bueno saberlo.

Lo miré a los ojos—. Y gracias por este maravilloso día. Suspiró emocionado, apoyando su frente sobre la mía. A pesar de todo, no cambio nada. Emocionada, volví a buscar sus labios. Bajé la mano para rozar su pene. Matt gruñó. Todo el mundo en vuestra fiesta y vosotros Eric venía tras ella. Miré a Matt y también alzaba una ceja como yo. Mi esposo cogió mi mano, y dejamos a Noa con la palabra en la boca. La fiesta estaba en su apogeo cuando bajamos, todos bailaban divertidos.

En parejas, sueltos, era una verdadera alegría ver cómo lo pasaban los invitados. Miré a Matt pero él miraba a alguien, parecía verdaderamente interesado. Tiré de su brazo llamando su atención. Necesito hablar con mi prima Silvia un momento —lo miré ceñuda, parecía importante para él—. A ella la han aceptado en una universidad de Seattle y quiero informarme de algo.

No tardo. Sonriéndole, fui directa hasta Emma y Thomas que parecían algo incómodos. Me senté con ellos y hablamos un poco de cómo nos iba todo. De los cambios y los estudios. Aun así me quedé con ellos en lo que Matt terminaba con su prima, pero al parecer era una conversación larga e interesante por sus caras. En esos instantes me capturó mi hermano Scott y tuve que bailar con él. Pasé de brazos en brazos bailando.

Finalmente bailé con Eric y Noa que bajaron muy sonrientes, la cosa iba bien O al menos se veía. Asentí sonriéndole, verdaderamente necesitaba ese momento de tranquilidad sola, sin nadie. Necesitaba pensar en lo ocurrido, pero la conclusión final era la misma. Casada y a pesar de todos mis prejuicios, muy feliz.

Siéntate, por favor. Inspiró tensa; la verdad, todo era complicado. Nuestra relación era nula y parecía no tener solución, yo no quería forzar las cosas. Ella no se veía convencida tampoco de intentar arreglar aquello. Menos Matt. A pesar de hablar con su prima, la mirada no la perdía de mí.

He tardado en entenderlo, pero ahora no tengo dudas. También agradecerte, mi hermano se ve feliz. No pude evitar emocionarme. Recordé a aquel Matt de un principio Tan distante, frío, serio. Sin duda lo mejor que me pasó en la vida fue trabajar para los Campbell. Hoy yo era una de ellos. La verdad no sé qué decirte Solamente necesitaba hacerte saber esto, porque así lo siento.

La miré a los ojos y entonces sentí la necesidad de decirle lo que pensaba. A pesar de las circunstancias ella era buena chica, pero se dejó llevar por lo que pensó que era lo mejor para su hermano. Ahora éramos cuñadas. Pero tampoco quiero que nos ignoremos, no es plato de buen gusto para tu hermano, ahora mi esposo. Por él deberíamos hacer un esfuerzo También porque sé que mi hermano a pesar de todo Le he dicho que le daré todo el tiempo que necesite.

Le he prometido que he cambiado —con sus ojos brillantes, volvió a mirarme—. Tu promesa se ha cumplido hoy y la mía no voy a descansar hasta conseguirlo. Sonreí ante sus palabras Aquella promesa en el desfile. Es algo cabezón, como todos los Stone. Pero los Campbell sabéis sobrellevarnos. Ésta vez ambas sí reímos con verdadera complicidad. Roxanne se levantó y besó a su hermano en la mejilla.

Al retirarse pude comprobar lo orgullosa que se sentía de él. Yo también. Felicidades por la esposa que has escogido. No podías haber escogido mejor. Dicho esto se marchó con andares provocativos hacia Scott. Suspiré como una niña consentida y tonta. La que él creaba. Me equivoqué contigo al principio pensando que eras de otra forma. Y temo estar haciendo lo mismo con Eric. Se levantó, hizo lo mismo conmigo y me abrazó contra su pecho. Dejando un sin fin de besos en mi frente, en mi mejilla, para abrazarme nuevamente. Era la paz que necesitaba, él sabía cómo hacerlo.

Me comprendía, me relajaba. Cortemos la tarta, bailemos y hagamos el brindis. Por alguna razón, lo sentí tensarse. Nos inmiscuimos entremedio de las personas y la locura estalló. La hora de lanzar el ramo. Todas y todos incluidos, gritaron por ese momento. Me volteé nerviosa y lo lancé de espaldas. Mi sorpresa fue al girarme Roxanne saltaba con el ramo en la mano y miraba a Scott. Mi querida suegra cómo no, ya intuía la historia. Roxanne miró a Matt, éste le guiñó un ojo. Su hermana me miró y me guiñó un ojo. Le levanté el dedo en señal de estar de acuerdo con ella No sólo lo cortamos, también terminamos Matt y yo con toda la cara llena de él.

Luego llegó el baile lento entre Matt y yo. Un momento tan íntimo, tan especial, que nos olvidamos del resto del mundo. Tanto que se me formó nuevamente un nudo en el pecho. No por lo de prisión Sí, sólo por ti ya que menuda pieza te has llevado. Paciencia con ella.

Ahí pude ver la complicidad que empezaba entre mi hermano y Matt, algo que me emocionó mucho. La confianza es la base de una relación. Karen tuvo que volver a sentarla antes de acabar.

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Gracias por devolverle a mi hermano la sonrisa. Hasta hacerme llorar. Matt me consoló, pero pude sentir cómo él también temblaba en ese momento. Ése fue el discurso de Noa y Eric. Por supuesto, Matt me miró enseguida Yo negué sin alguna duda. Con el corazón acelerado y llorando como un bebé. Tan fuerte que te vuelves frío, lleno de miedos Sin embargo, un día la vida te vuelve a cambiar. Ésa chica del servicio, es mía, mi esposa.

La que me ha devuelto las ganas de vivir. Mi mujer. Él hizo lo mismo—. Te amo esposo, te amo mucho. G ise le: Ahora la calma volvía después de la intensidad de la fiesta. Nos vemos a la vuelta. Willian nos dio un breve abrazo y al separarnos pude ver lo orgulloso que estaba de su hijo. Lo amaba mucho, la sangre que corría por sus venas nunca le importó. Son las doce de la noche y debemos madrugar. Nos terminamos de despedir y finalmente con la ayuda de Matt me subí en el auto. Muchos regalos El viaje también era regalado Duerme si quieres, el hotel nos queda a media hora.

Me removí inquieta al sentirme en el aire. Abrí los ojos con esfuerzo y ahí estaba Matt. Aire fresco y suave azotaba mi mejilla. Sonrió al verme despierta—. Déjame que te lleve hasta que estemos dentro. Latía frenético, parecía descontrolado, nervioso. Tan intenso era siempre su estado, tan eufórico hoy. Cierra los ojos. Cerré los ojos como él me pedía, pude sentir su movimiento y luego oí la puerta abrirse. Pero vallado y con puerta. No, para nada. No estaba preparada para lo que tuve ante mí. El detalle, sólo por el detalle—. No me moví, no dije una sola palabra.

El llanto me asaltó repentinamente Mi hermoso esposo. No tenías Dime algo nena. Qué llorona hoy, qué sentimental. Mira hacia adelante. Oh, Dios, no podía ser. Nuestro hogar—. Han trabajado muy duro estas semanas. Para ti, para nosotros. Asentí eufórica. Disfruta de todas las novedades y la mejor selección de libros de bolsillo ahora en promoción. Información extra. Detalles del producto. Ficha técnica. El Autor. Escribe tu opinión. Es entretenido, me ha gustado. Deja tu opinión. Los clientes que vieron este libro también vieron. Precio mínimo garantizado. Recogida en librería gratis.

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