Me preguntó que si quería que me besara. Le respondí que deseaba que me follase salvajemente…. Me cogió de la cintura y me besó. Me agarraba fuerte.
Notaba su miembro erecto bajo el pantalón. Por un momento, mientras nos dirigíamos allí, sopesé si era correcto. Alguien podría vernos, pensé. Las pulsiones de mi libido eran enormes. Todo mi cuerpo pedía sexo. Todo yo era sexo. Me sujetó, asiéndome por las nalgas para alzarme contra la pared. Empecé a palpar su pene por encima del pantalón. Él me acariciaba los senos. De repente, bajó uno de los tirantes del vestido con tanta energía, que también descolgó el del sujetador.
Uno de mis pechos quedó al descubierto. Paró por un segundo. Me miró fijamente, y se abalanzó a lamerlo. Creo que hay alguien observando —le supliqué, intentando apartar su cabeza.
Había gente en la oscuridad. Seguramente, estaban allí fumando o simplemente orinando, cuando nos oyeron. Eran tres. De pronto, las luces de un coche iluminaron sus caras. A pesar de que le estaba tirando del pelo para apartar su boca de mi pezón, Ricardo no paraba. Del primer sentimiento de vergüenza compulsiva, instintivamente pasé a la inacción y, de ahí, a una sensación de excitación sublime.
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Miraba las caras de los tres, fundiéndose de nuevo en la oscuridad, cuando Ricardo se bajaba la cremallera y deslizaba el tanga con su glande para penetrarme. Me encajé a su inflexible miembro, abriéndome, cabalgando y arañando su espalda. Él me empujaba y me subía contra la pared una y otra vez. Los otros dos sólo miraban. Yo las provocaba.
Me encajaba con vehemencia hasta la base de su pene, hasta que oía cómo mi flujo se derramaba sobre su pubis. Al lado, mis tres voyeurs. Dentro, Ricardo. Al borde del desvanecimiento, me percaté de que Ricardo no había terminado. Me separé y me puse de rodillas para hacerle una mamada.
No estuve mucho rato, él llegó enseguida. Pero todo el tiempo, estuve observando a esos tres mirones, mientras mi vulva se volvía a empapar…. Cuando regresamos a la barra, la fiesta se estaba acabando.
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Mientras me giraba, cinco letras iban pasando por mi mente: C… l…a…r…a. Me volví hacia él y, para quitarle hierro al asunto, le dije con total seguridad y descaro:. Ya puedes continuar con la segunda parte aquí: La historia de sexo duro de una psicóloga parte II: Etiquetas Relato erótico Sexo duro Voyeur.
El siguiente lo publicaremos en menos de una semana. Te adelanto que la historia de sexo se vuelve dura y muy picante…. Después de un duro día de trabajo, Sarita, una profesional de 27 años de una agencia de escorts Barcelona llega a su lujosa casa muy bien amueblada en Barcelona. Es un relato delicioso Cristina, mi chico y yo vivimos algo muy similar y no he podido evitar un cierto sonrojo. Lo notaba vibrar, y deslizarse por mi culo. Lo sujeto con otro cinturón y se fue. Me volví a correr. La presión del agua en mi clitoris me hacía retorcerme de placer.
Me corrí durante al menos un minuto. Pasadas ya varias horas comencé a gritar. La mezcla de dolor y placer no me dejo dormir y a la mañana siguiente aun seguía retorciendome en la bañera. Acto seguido estaba en una habitación lujosa, ya no parecía una mazmorra, sino un hotel de cinco estrellas. Me ataron nuevamente à la cama. Pero yo estaba aterrada. Un hombre gordo y grasiento entro en la habitación, se pasó la lengua por los labios y se colocó encima mio.
Me susurro al oído. Grite de dolor. Empezó a sacarla y meterla hasta que se corrió, la saco antes y se corrió en mi cara. Gire la cara pero me la metió hasta la garganta. Cayó dormido sobre mi pero no sin antes meterme un dedo en el culo. Cuando se despertó lo saco y me lo hizo chupar.
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Metió su polla en mi culo y siguió follandome hasta que se corrió dentro, la lefa salia hasta mis nalgas. Volvió a meterme la polla en la boca para que se la limpiara, y bajo hasta mi coño y volvió a lamerlo, gemia de placer, me gustaba la sensación se su lengua en mi coño, me volví a correr.
Poco a poco comencé a adorar el placer que sentía cuando mi amo metía su polla en mi coño y culo y tras tres noches era yo quien buscaba su polla. A mi me tocaba las tetas con fuerza.
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Despues nos indicó que le acompañasemos al comedor. Nos hizo follarnos entre las tres en la mesa mientras comía con dos hombres. Comí por primera vez un coño era suave y viscoso, mi lengua se deslizaba sobre este mientras ella se corría en mi boca. Había esta vez 4 hombres ahí que al verme se desnudaron y comenzaron a tocarme. Me ataron a los barrotes por las manos, un me follaba por el cuelo, otro por el coño, uno me metía la polla en la boca y el otro se pajeaba mirando.
Notaba el ardor y el placer por todo mi cuerpo se corrieron dentro y fuera, sobre mi. Grite de placer. Qué cañera eres Blanca! No he podido evitar masturbarme.
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